miércoles, 31 de agosto de 2011

Una forma diferente de ver el parto

"Hay que abrir la mente y ver que hay otras formas de dar a luz..."
"No estamos diciendo que todas las mujeres deban tener un orgasmo durante el parto, decimos que pueden verlo de otras maneras..."


Como alguna vez leí en algún blog (perdón, no recuerdo), así como en algún momento estaba la creencia de que al tener relaciones sexuales la mujer sentía dolor, y como era una creencia, así era, con el parto ocurriría algo similar.
Viendo este video, pude comprender que cuando la mujer es bien tratada, contenida, acompañada, sostenida, se hace difícil pensar que pueda sentir dolor...
En una parte del video, una comadrona dice que a un parto habría que prepararlo casi como a una cena, con poca luz, en un ambiente relajado, cuidada por los presentes y mimada por su compañero... y pensé "sí, al fin y al cabo, habría que prepararse como una gala para recibir un habitante más de este mundo"...
Por un lado, es bello ver que ocurren casos así, de partos respetados y contenidos, aunque por otro siento que todavía estamos tan lejos... ojalá las distancias se vayan achicando y pronto los partos puedan ser tan placenteros para mamá y bebé (y papá, por supuesto), como los que muestran en este video


http://www.youtube.com/watch?v=1b374qIk5QE

martes, 30 de agosto de 2011

Dedicado a las mamás blogueras

Dedicado a las mamás blogueras, a las que leo desde el primer día, y también a las que descubrí hace una semana, y a las que descubriré y me deleitarán con sus relatos maternales y maternantes. Porque es un gusto leerlas y aprender de todas. Porque aprendí y crecí mucho estos meses leyéndolas. Porque siento que no estoy tan sola. Gracias totales!

Recién me doy cuenta de la fecha: hoy "Maternarte" cumple cinco meses. Hace dos meses exactamente tenía ganas de escribir un pequeño balance, pero entre una cosa y otra no he podido.
Todas las madres blogueras seguro saben, un blog es como un hijo más. No nació de un día para el otro, sino que se fue gestando con la necesidad de escribir algo, de comunicarlo, de compartirlo. En mi caso particular, nació el día que aprendí a hacer un blog (ni siquiera eso sabía). Por suerte Blogger (más allá de sus fallas) ofrece una interfaz bastante simple que permite que cualquiera (si yo pude, cualquiera puede!) inicie su propio blog.
Y como con la maternidad, vas descubriendo un mundo nuevo y aprendiendo de a poco.
El hermoso mundo nuevo que descubrí fue el de la "crianza con apego". No me simpatizaban los consejos conductistas que inundan nuestra sociedad y, como más de una vez escribí, colechaba con culpa, hacía upa con culpa, etc. Entonces ingresar en esta bella cibertribu me permitió ser la madre que quiero ser, sin tanta culpa, pues ya no me siento tan sola en mis creencias.
Y aprendiendo de a poco, porque no solamente se trata de aprender la parte técnica de hacer un blog (desde aprender a escribir una entrada hasta cambiarle el diseño o el dominio), sino que, como con un hijo, una también va cambiando a medida que aprende. Cuando tu bebé tenía 5 días, vos aprendías a ser una mamá para un bebé de 5 días. Cuando tu bebé tenía 6 meses, vos aprendías a ser una mamá para un bebé de 6 meses, y así para cada etapa. Con un blog pasa lo mismo. He leído otras entradas de otras mamás blogueras que hace un año o más tienen su blog, y yo me siento "chiquita", que me falta mucho por aprender... pero es inevitable, cada una recorre su camino, como con la maternidad.
Al principio, yo quería ponerle a mi blog "Una mujer madre", porque como alguna vez he dicho "cuando los hijos nacen, una renace como mujer", pero ya estaba ocupado ese dominio. Entonces pensé y pensé y se me ocurrió "Maternarte", porque la idea era llegar a mamás recientes o futuras mamás que se sienten desorientadas y sedientas de información como fui yo, para que a través de la información y de compartir experiencias, pudieran sentirse "maternadas", o no tan solas.
Y al principio, a mi blog lo usé mucho de catarsis, y me dediqué a conocer y leer otros blogs, a los cuales reconozco ni sé cómo llegué, pero que fue una bellísima "casualidad" conocer: Tenemos tetasAmo ser mamá, entre otros (no se ofendan las otras mamás blogueras, están incluídas en mi "Red de Madres"), así como continúo descubriendo nuevos blogs maravillosos. Lo lindo es la sorpresa de que cada una escribe desde su forma de ser, de pensar, y si bien compartimos principios en cuanto a maternidad, cada una logra expresarlo en su única manera, y eso es genial.
Hoy mi blog cumple cinco meses, parece nada, pero si una mira, hubo una transformación en una... aunque si  se mira para adelante, falta tanto por recorrer y aprender. Como dice una frase "un camino de mil kilómetros comienza con el primer paso"...
Un abrazo a todas y a seguir adelante, que hay que transformar un mundo con la crianza con apego :)

Nos necesitamos unas a otras

Del blog "Tenemos tetas" - Por Ileana Medina Hernández (tocaya, pues compartimos el nombre, "mi amor por tu blog fue a primera lectura", ya lo he escrito otras veces, un honor leerte!)


He estado releyendo la historia de lactancia prolongada que publiqué en el post anterior, y luego he descubierto la que sobre los inicios de su lactancia cuenta Cristina Pemán, en su blog Madres Rebeldes.

Mientras más conozco historias de este tipo, más me pregunto cómo es que, finalmente, muchas madres logramos amamantar en un entorno cómo este. No me curo de espanto, no dejo de asombrarme. No deja de ser un milagro que existan lactancias, largas o cortas, dadas las circunstancias.

 Basta con leer la historia de Cristina, para saber por qué triunfa la industria del sucedáneo. No es culpa de las madres, claro está. Si la realidad fuera la que describe Irene en su post, no necesitaríamos ser heroínas ni sabias ni sacrificadas, solamente necesitaríamos dejarnos llevar por la naturaleza y el instinto.

Cristina da un consejo aragonés: No reblar, no retroceder, no cejar en el empeño. Pero es que no cejar ante tamaños obstáculos, a veces puede ser sencillamente imposible.

Te encuentras con la cesárea, con la separación en el hospital, con las pezoneras, con los sacaleches, con los comentarios de todo tipo... No cejas. Sigues insistiendo. Pasa una semana, aparecen las grietas, las mastitis (¡el único especialista español en mastitis es un veterinario!)... Pasan dos semanas, vas al pediatra y te dice que tu hijo no ha subido de peso, y que hay que dar un "refuerzo". Logras hacer oídos sordos a la recomendación del pediatra y a la de todo quisqui que te dice que no sigas... Pero tú, no reblas. Pasa el primer mes, y al fin, sientes que tu pecho ya no te duele. Estás agotada, no duermes ni dos horas seguidas, tu marido ha vuelto a trabajar y te pasas todo el día en casa sola con el niño, sin peinarte y sin vestirte, sin poder soltar al niño porque llora, sin poder ni hacerte de comer, con vecinas que te "aconsejan" que lo dejes llorar pero que no te acercan un plato de sopa... Pasan dos meses, y al fin, tu oferta de leche se regula a la demanda del niño, y ya no chorreas leche por doquier, ni necesitas discos de algodón. Empìezas a respirar.
Llega el cuarto mes, y al fin, sientes que la lactancia puede ser un placer. Que ha valido la pena llegar hasta aquí. Has aprendido a conocer a tu bebé, ya está más "durito" y ríe a carcajadas, y quizás hasta aguanta tres horas entre toma y toma. Comienzas a disfrutar de la maternidad, y entonces, tachán tachán, toca volver al trabajo. La separación por la mañana te deja una angustia en la boca del estómago que no se te quita en todo el día. Te sientes como una piltrafa. Tienes que ir a sacarte leche al baño de la oficina. Ese puto sacaleches no va contigo. Por la noche, no vales para nada. Necesitas descansar, porque tienes que levantarte a las 7 de la mañana para irte al trabajo. Imposible. ¡Con lo fácil que es darle un biberón repleto de leche con cereales a ver "si aguanta más"!

Lactancia concluida, me rindo. No puedo más. Que no me pida nadie más, por favor. El bebé se enferma: somatiza las largas horas de separación, acusa la falta de defensas de la leche materna, no sale de una otitis para entrar en una bronquitis... tengo que faltar al trabajo, el jefe me va a echar.

O no, tengo suerte y apoyo, y descubro que es posible trabajar y seguir amamantando, que la lactancia es un placer mucho más allá del alimento, que es un modo excelente de resarcirnos por las largas horas de separación, que quiero amamantar hasta que a los dos nos dé la gana, que lo protejo de las enfermedades de guardería, que estamos disfrutando: y entonces todos los aguafiestas de turno te dicen que hasta cuándo, que si no te da vergüenza, que va a mamar hasta que vaya a la universidad, que traerá problemas en el futuro, que lo estás "malcriando"....

Algo está mal en todo esto. Y no es dentro de nosotras las madres. Es desde luego el sistema. Y es el sistema el que hay que cambiar. Insisto, insisto, insisto a lo largo de todos los artículos que he escrito en este blog: las mujeres teníamos que llegar al sistema laboral para cambiarlo.

Las mujeres teníamos que acceder al conocimiento (más importante el derecho a saber que el derecho al trabajo, que al fin y al cabo no es más que el derecho a que se nos explote como mano de obra), acceder a la cultura, al conocimiento -hasta ahora bien oculto- sobre cómo funcionan nuestros propios cuerpos y cómo funcionan los bebés humanos para cambiar el sistema laboral, productivo y social y hacerlo más humano, compatible con la crianza y el bienestar de los bebés y los niños pequeños.

En eso, deberíamos estar todas de acuerdo. Dejar de "sentirnos atacadas", dejar de criticarnos unas a otras, dejar las batallitas entre las "que dan biberón" y "las que damos pecho", entre las "orgullosas profesionales" y las "talibanas de la teta", y trabajar todas juntas para transformar el sistema productivo-laboral.

Nos necesitamos unas a otras: necesitamos a las mujeres que están en los puestos directivos, a las que tienen influencia política, a las que dirigen empresas, a las intelectuales, a las periodistas, a las juezas, a las investigadoras científicas, a las maestras, a las profesoras universitarias, a las pediatras, a las matronas y a las psicólogas, a las obreras y a las limpiadoras, a todas las que trabajan largas jornadas ysaben bien que el precio de no estar con sus hijos es demasiado alto: ¡las necesitamos para mejorar el sistema!

Necesitamos a las otras: a las que interrumpen sus carreras y se quedan en casa varios años cuidando a sus hijos, a las que amamantan durante 5 ó 6 años, a las que hacen pasteles y eligen cada día la mejor comida sana para sus hijos, a las que se atreven a educar a sus hijos en casa, a las que tejen primorosas mantas, a las que cultivan una huerta ecológica, a las que comparten la cama con sus hijos, a las que esperan con la comida tibia y el abrazo disponible, a las que después de hacer carreras con sobresaliente cum laude mandan todo a la mierda y se van a un pueblo a plantar tomates y cuidar de su familia, a las que aceptan trabajos muy por debajo de sus capacidades para poder cuidar de sus hijos; a las "talibanas" de la teta, el colecho, el apego, el porteo y la "maternidad perfecta"; a las "espirituales" que nos muestran hasta dónde podemos llegar si nos lo permitimos y creemos en nosotras mismas; a las "sacerdotisas" que nos enseñan los secretos ocultos de la femineidad y la maternidad, las honduras que desconocemos de nosotras mismas; a las amas de casa sencillas que se quedan en casa haciendo malabares para llegar a fin de mes...¡las necesitamos para cambiar el sistema!

Necesitamos también a los hombres: a los amantes, a los amigos, a los padres de nuestras criaturas, a los que se quedan cambiando pañales, y a los que curran 15 horas al día para que no "nos falte de nada". A los sensibles, a los que quieren crecer, a los que quieren un mundo más amable. (Y ya no sigo, que sino esto va a parecer un anuncio de Coca Cola).

Necesitamos equilibrar la balanza. Lo que no es posible ni humano es que todos, hombres y mujeres, trabajemos de sol a sol como mano de obra esclava, mientras nuestros hijos se crían solos, tragamos comida basura, no tenemos tiempo ni para respirar, carecemos de vida íntima y nadie calienta el fuego del hogar.

Nuestros hijos necesitan y merecen compañía, familia, afecto, comunicación, alegría, comida saludable. Nuestros hijos merecen un hogar donde nutrirse física y emocionalmente, donde ser respetados y queridos, donde no se hable de rendimiento ni de competitividad, sino de amor y libertad.

El futuro lo merece. Trabajemos todos, juntos, para ello.

Fuente: 
http://www.tenemostetas.com/2010/08/nos-necesitamos-unas-otras.html

lunes, 29 de agosto de 2011

Laura Gutman propone


Entrevista a Laura Gutman 

"Averigüe si fue o no un hijo feliz y sabrá ser una madre o un padre feliz"

Durante generaciones, las mujeres éramos, ante todo, madres. Esa era nuestra máxima identidad social y por ella éramos valoradas.

¿Y eso era bueno o malo?
Eso no garantizaba a los hijos ser mejor criados: más amados ni protegidos.

¿Y hoy ya no son madres ante todo?
Hoy se valora sobre todo el papel que representamos en la esfera de lo público. Por eso, las madres sólo sentimos que "somos" si trabajamos: si somos autónomas económicamente y realizamos nuestros intereses.

Tiene su lógica.
Pero entonces entramos en contradicción con la función materna, relegada al ámbito de lo privado: silenciosa e invisible. Así que tendremos que conseguir que la función materna no entre en contradicción con las demás. Pero es complicado asumir ambas.

Si te organizas hay tiempo para todo.
No pensemos sólo como adultos. Pongámonos en la piel del niño totalmente dependiente de los cuidados maternos: su nivel de soledad y aislamiento, si su madre no le da la atención que necesita, es inmenso.

Para algo están las guarderías.
Están bien para atender a los niños cuando las madres trabajan. Pero en ellas los niños no están conectados "fusionalmente" con sus cuidadoras. Y los hijos necesitan –al final del día– entrar en contacto profundo y amoroso con su madre, siempre y cuando esta sea capaz de conectar consigo misma emocionalmente y, por tanto, con el niño.

Además tenemos bajas maternales, subsidios, ayudas... (o al menos teníamos).
Y ayudan. Pero, cuando criamos niños, estamos muy solas. E invisibles a ojos de los demás. Por eso, nos resulta más fácil regresar al trabajo, donde somos reconocidas.

Y no las culpo por ello.
Ni yo. Es normal. Hemos perdido la tribu, la familia extendida, las comadres, las vecinas. Estamos encerrados en pisos acompañadas por la televisión, el móvil y el ordenador. Debemos espabilarnos para estar junto a otras mujeres y hombres que quieran acompañarnos en la rutina con nuestros niños.

Debe ser duro no encontrar a tu madre aunque la tengas cerca.
Dura es la vida de los niños. Y la que nosotros mismos hemos vivido siendo niños, aunque no tengamos ninguna conciencia de ello. La mayoría hemos crecido sintiendo que el mundo de los adultos estaba muy lejos de nuestro mundo emocional. Con miedos que nadie ha aplacado. Con llantos que nadie ha calmado.

Lo pasado, pasado está.
Pero ahora es urgente que tengamos conciencia de cual fue nuestra realidad afectiva de niños. Si contactamos con lo que realmente nos sucedió, comprenderemos por qué nos resulta tan arduo permanecer con nuestros hijos pequeños: sencillamente, porque los niños nos obligan al contacto emocional íntimo. Y eso duele, porque resuena en nuestros sufrimientos infantiles.

¿No es usted muy categórica?
Sí, lo soy. Después de treinta años de trabajar con cientos de familias, aparece una evidencia: cuanto más desamparados estuvimos de niños, más nos hemos construido un personaje para sobrevivir. Y no estamos dispuestos a abandonarlo.

Tal vez porque nos sigue protegiendo.
Pero nos hace estar más atentos de salvarnos nosotros que de salvar al niño. Ese es el motivo por el que esperamos que los niños respondan a las necesidades de los adultos, y no al revés. Es hora de comprender a nuestro niño interno para ser capaces de acercarnos a quienes son niños hoy.

¿No mimamos a los niños demasiado?
Hoy los compensamos con objetos de consumo, pero si cuando la criatura esperó a su madre todo el día y, cuando finalmente llega, tampoco está toda ella con el alma puesta allí, le resulta enloquecedor.

¿Antes era mejor?
Tendríamos que acordar a qué nos referimos cuando decimos "antes". Hace una o dos generaciones seguramente no era mejor. Somos hijos y nietos de madres reprimidas y sometidas, a nivel sexual, económico, social. Muchos de nosotros hemos sufrido las descargas maternas de tanta frustración.

¿Qué propone?
Que nos miremos hacia adentro. Que busquemos mecanismos para conocernos mejor, que seamos más conscientes de nuestras realidades emocionales. Y si devenimos madres, pidamos ayuda y compañía para ofrecer nuestros cuerpos y nuestros corazones abiertos a los niños pequeños.

¿De qué depende?
De la decisión consciente de ofrecer a nuestros hijos incluso aquello que no hemos recibido. Si descubrimos el nivel de desamparo del que provenimos, al menos sabremos con qué contamos y con qué no. En lugar de juzgar cómo deberían ser las cosas, o cómo debería portarse el niño, escuchémosle y tengamos en cuenta lo que nos quiere decir.

¿Cómo?
¿Cómo cortar el encadenamiento de desamparos? Con conciencia. Hay muchos sistemas de indagación personal. Yo he ido perfeccionando a lo largo de los años: la "construcción de la biografía humana" con la que intento dilucidar la distancia que hay entre lo que creo que me ha sucedido y lo que sucedió en verdad en la trama familiar.

Ustedes a ganar dinero con la terapia.
Le aseguro que se gasta mucho más en cosas menos necesarias.

domingo, 28 de agosto de 2011

"Muchas personas que defienden los cachetes dicen que no están traumatizados por ellos". Entrevista al psicólogo Ramón Soler

Recién estaba almorzando con mis padres y me contaban de una mujer conocida que se separó del marido porque éste le pegaba. Obviamente, todos horrorizados, en contra de la violencia de género, que un hombre golpee a una mujer. Y en un momento de la conversación, yo me puse a pensar "¿Por qué no nos horrorizamos de la misma manera cuando vemos que un adulto le pega a un niño?". Está tan validado todavía el castigo corporal a los niños que no mueve un pelo en los adultos, a no ser que termine hospitalizado el niño. Mientras tanto, parece que pegar a un niño (por más pequeño que sea) es una forma más de educar.
Hace un rato vuelvo, mi niño se duerme la siesta, entonces me conecto a internet, y me encuentro con esta nota, una entrevista a un psicólogo, y así encontré algunas respuestas, como para entender a nivel racional por qué ocurren estas cosas, aunque en realidad, sea inentendible.



"Muchas personas que defienden los cachetes dicen que no están traumatizados por ellos". Entrevista al psicólogo Ramón Soler


Publicamos hoy la tercera entrega de esta interesante entrevista al psicólogo Ramón Soler. Avanzando en la reflexión que nos proponía ayer sobrelas causas por las que los padres pegan o maltratan psicológica o verbalmente a sus hijos, vamos a intentar dilucidar si el haber recibido este tipo de educación ha dejado huellas en los adultos que la recibían de niños y también, y eso es fundamental, aprender a entender sus efectos y cambiar nuestra manera de comunicarnos con nuestros propios hijos.
Mucha gente dice que a ellos les pegaron y no se traumatizaron o no salieron mal. ¿Eso es así?
Resulta curioso que muchas personas que defienden los cachetes, digan que no están traumatizados por ellos. En mi opinión, el mero hecho de defender los cachetes ya indica que sí están afectados por la educación restrictiva que recibieron.
Aunque no se puede generalizar, este tipo de personas suelen ser represivas y reprimidas, tienen una forma agresiva de defender sus opiniones y muy poca flexibilidad mental para adaptarse a los cambios. Todas estas características son las que se observan en los niños que han sido maltratados y, si las encontramos también en los adultos que defienden los azotes, no resultará difícil deducir que sí están traumatizados.
¿Qué excusas se suelen dar los padres que usan los cachetes y bofetones para usarlos?
Las excusas son muy variadas, la mayoría de ellas se deben al desconocimiento de los procesos físicos y emocionales de los niños. Por otro lado, esos padres también sufrieron ese tipo de educación restrictiva cuando fueron pequeños y, muchas veces inconscientemente, buscan excusas autoconvencerse de que está bien pegar a los niños.
Los pretextos más habituales suelen ser que el azote no deja traumas emocionales, que con los niños no se puede dialogar y sólo sirve el azote, que “me duele más a mí, pero lo hago por tu bien”, que hay que prepararles para la dureza de la vida y otra larga lista de excusas que sólo muestran la cerrazón y la poca flexibilidad de unos padres que temen mirar en su interior y cuestionarse si la educación que recibieron de sus padres fue la correcta.
¿Se puede dialogar con un niño pequeño o es necesario, a veces, corregir con un cachete para evitar que se ponga en peligro o se desmande?
Los niños pequeños apenas pueden hablar y no podemos tener profundas charlas filosóficas con ellos, eso está claro, pero no significa que no entiendan lo que sucede a su alrededor. Es más un problema de maduración de su aparato fonador que de comprensión.
Desde muy pequeñitos pueden saber que hay cosas que no pueden hacer porque pueden ser peligrosas. Hay muchas maneras de advertirle del peligro, podemos sujetarle o cambiarle de sitio si está cerca de una estufa caliente, podemos elevar el tono de la voz si estamos lejos y le vemos en una situación de peligro inminente, pero el cachete nunca está justificado. Además, siempre podemos acompañar lo anterior de una explicación, diciéndole lo peligroso que puede ser hacer tal o cual cosa.
Tampoco debemos olvidar que debe ser tarea de los padres acondicionar el entorno de manera que sea lo más seguro para su hijo, neutralizando enchufes, bloqueando escaleras o escondiendo cuchillos. El niño va comprendiendo poco a poco el concepto de peligro, por eso no lo podemos dejar desatendido en sus primeros años.
¿Qué pasa cuando un niño acostumbrado a los azotes o tortas crece y se convierte en adolescente?
Últimamente, proliferan en televisión los programas en los que aparecen adolescentes conflictivos cuyos padres son incapaces de manejar. Muchos de ellos son agresivos e, incluso, llegan a pegar a sus progenitores. Todos (presentadores y público) se escandalizan y demonizan a estos chavales, haciéndoles ver lo violentos que son y cómo sufren sus pobres padres, a los que presentan como meras víctimas de todo el drama familiar.
El objetivo de los expertos es corregir a estos adolescentes violentos, pero en ninguno de estos programas he visto que intenten averiguar de dónde procede esa violencia investigando lo que sucede en el entorno familiar y profundizando en la infancia de esos niños para averiguar cómo les trataron sus padres. Quizás temen enfrentarse a la realidad de unas infancias con tremendas carencias emocionales y, en muchos casos, con maltratos físicos y psicológicos.
La violencia no aparece espontáneamente a los 13/14 años. Antes de eso, hay todo un proceso que empieza desde que los niños son muy pequeñitos con agresiones verbales, algún azote o quizás muchos, menosprecios y abandonos.
A veces, la violencia comienza incluso antes, desde la vida uterina, en la que estas personas ya se sentían despreciadas, poco queridas o recibían las mismas agresiones a las que era sometida su madre.
No deberíamos extrañarnos de que esos niños se conviertan en los adolescentes de los que renegamos en esos programas de televisión.
¿Cómo y cuándo podemos empezar a comunicarnos con nuestro hijo?
En realidad, podemos empezar a proporcionar a nuestros hijos los rudimentos de la comunicación ya desde el embarazo. Todos los estímulos que recibe el bebé uterino, la voz de la madre, la música, el tacto, nos pueden servir para establecer un primer diálogo con él. Resulta impresionante comprobar cómo el bebé reacciona de manera distinta cuando algo le gusta o cuando algo no le gusta, cuando está relajado o cuando está tenso.
Las mujeres embarazadas pueden jugar a dar unos golpecitos en un lado de la barriga y comprobarán que, al poco tiempo, su bebé se mueve y responde a esos golpes. Si, después cambian de lado y vuelven a dar unos golpes suaves, el bebé se volverá a mover.
Se ha comprobado que, nada más nacer, el bebé puede distinguir la voz de su madre de la de otras mujeres y que reacciona de manera distinta a palabras de su lengua nativa que a palabras de otros idiomas. Todo esto indica que el bebé está perfectamente equipado para atender al lenguaje.
Esa idea tan extendida de que, hasta los tres años, los niños no se enteran de nada está totalmente desfasada y es fruto del desconocimiento. La estupenda psicoanalista infantil, Françoise Dolto decía que “el ser humano tiene la misma capacidad de comprensión desde el momento de su concepción hasta su muerte”.
A pesar de que el Código Civil no acepta la bofetada como opción educativa o correctora, sigue habiendo muchos padres y hasta algún juez la defienden, ¿por qué?
Nos puede sorprender que personas inteligentes, instruidas y que han tenido que superar durísimas oposiciones, defiendan públicamente el uso del bofetón como medio para educar o corregir a los niños. Solemos asociar la violencia a personas de clase social baja y con poca cultura, pero se ha comprobado que el cachete está presente en muchas familias, independientemente de su nivel cultural, social o económico.
Quizás sea más fácil comprender que muchos jueces, médicos, psiquiatras, etc. defiendan golpear a los niños si pensamos que estas personas también fueron niños y, con toda probabilidad, fueron niños maltratados física o psicológicamente. Imagino que, como muchos otros, ellos también tuvieron que sacrificar una parte de su libertad y su espontaneidad de niños para adaptarse a las restricciones de sus padres.
Por desgracia, mientras los adultos no se liberen de las erróneas ideas que tuvieron que asumir en su infancia y no reconozcan el daño que sufrieron, seguirán condicionados en su trabajo por sus carencias y continuarán defendiendo la bofetada como método educativo.
Hasta aquí hemos llegado hasta hoy. La cuestión del maltrato hacia los niños en lo que se refiere a los azotes, gritos, menosprecio o amenazas sigue siendo un tema para el que nuestra sociedad sigue sin estar preparada.
Reconocer que los niños merecen el mismo respeto y protección que un adulto es complicado pues muchos de los adultos de hoy fueron niños que sufrieron acciones que les cuesta reconocer como negativas, y se ven condenados a justificarlas y repetirlas. Necesitamos herramientas para, una vez reconocemos que a un niño no se le puede hacer daño igual que a un adulto, sepamos evitar ese comportamiento en nosotros mismos.
Hemos aprendido mucho sobre la violencia hacia los niños gracias a esta entrevista con el psicólogo Ramón Soler, a quien le agradecemos su tiempo y su esfuerzo, pero seguramente no va a ser la última vez que hablemos de estos temas con él. Necesitamos más herramientas y son muchos los padres que las necesitan pues desearían educar a sus hijos sin azotes ni gritos.

sábado, 27 de agosto de 2011

¿Se puede creer?

No sé por dónde empezar a escribir esta entrada. Una desde este lugar y junto a otras mamás blogueras intenta promover la crianza con apego, con el convencimiento de que es para bien. Creo que todas hemos escuchado mil comentarios como "pero, dejálo llorar, quiere manipularte" de la suegra, de la señora de la esquina, etc, entonces por ahí ya no nos sorprenden tanto. Pero cuando las palabras dejan de ser comentario para ser casi una orden... no hay palabras.
Tengo una sobrinita, hija de mi hermano y mi cuñada, justo hoy cumple 14 meses. Todavía no camina sola, va despacito, agarrada de alguna mano amiga o agarrándose de sillas y muebles. Ya en dos ocasiones, y no queda muy claro cómo ni por qué, se cae, se golpea la cabeza, se desmaya, le da una convulsión, no se sabe bien en qué orden. La han llevado al médico, la última vez estuvo internada una noche para control, le hicieron todos los estudios para ver si en realidad lo que ocurre es que le da la convulsión y por eso se cae, se golpea y se desmaya. Por suerte, todos los estudios dieron bien, aunque hay que observarla para ver si esto se repite y ver qué se puede hacer.
La cosa no termina acá. Mi cuñada habló con su pediatra. ¿Y sabén lo que dijo este "profesional de la salud"? Que la nena era "malita"!!!! que es una caprichosa, que hace todos los escándalos que hace para llamar la atención, entonces que cuando llore, ella (la madre) tiene que darle un chirlo (nalgada en la cola) o meterla bajo el chorro de la ducha!!!!
Con ellos no nos vemos seguido, porque no viven cerca de casa, ni ellos ni yo tenemos auto. Pero mi mamá me contaba esto, preocupada, sin entender mucho, si lo que me contaba estaba bien o mal (y eso que mi mamá tuvo cuatro), y me dice que mi cuñada no sabe bien qué hacer. En parte me cuenta porque ella sabe que yo escribo mi blog, a veces le cuento lo que se comparte en la cibertribu, y ella quería conocer mi opinión.
"¿Ella está confundida?" le pregunto yo a mi mamá. "Sí", me dice. "Bueno", contesto, "yo no comparto nada de esto. Pasa que el tipo tiene EL título de pediatra y eso impone autoridad, pero me parece terrible lo que dice. ¿Una criatura de 1 año y 1 mes, que ni camina sola todavía, "malita"? ¿Y "la solución" es darle un chirlo o meterla bajo el chorro de la ducha??????" Y bueno, imaginarán, si ella me pidió consejo, preocupada, no pude evitar explicarle lo que es la crianza con apego, lo que significa, que cuando los chicos lloran no "llaman" la atención sino que la piden, y por algo es, y que si nosotros como madres estamos disponibles ante su pedido así se va construyendo la confianza, el vínculo, etc, etc, etc... "Mirá", le digo a mi mamá, "no sé si lo que yo hago está bien o está mal, pero estoy convencida de lo que hago, si a mí me preguntan por qué hago esto o aquello, puedo decir mis razones. Cada familia decide lo que es mejor para ellos, pero si ella está confundida y el comentario del pediatra la pone mal... ¿sabés dónde lo mando al pediatra si me dice algo así, no?"
Así que mi mamá me dice "bueno, cuando nos veamos, vos podrías decirle? porque ella no sabe qué hacer, se siente mal con lo que le dijo el pediatra...". Entre nosotras, ya veremos si le digo o no, o cómo se da la cuestión, porque en realidad, somos distintas (y eso no tiene nada de malo), es su segundo hijo (tiene otro de 6 años), entonces por ahí meterse sin que a una le pidan, la verdad, me da cosa (a mí me molesta mucho que me den consejo cuando no lo pido)... luego les cuento!

¿Qué es la crianza respetuosa o crianza con apego?

También conocida como crianza respetuosa. El término es la adaptación al español del término inglés “attachment parenting” el cual fue acuñado por el pediatra William Sears en el libro que lleva el mismo nombre.

El pilar fundamental de la crianza respetuosa es la empatía por los niños, la verdadera empatía por sus necesidades y también el conocimiento de lo que realmente necesitan los bebés humanos para su desarrollo emocional.

Muchos de los conceptos que promueve la crianza con apego pueden parecer raras, obsoletas o exóticas, por eso voy a tratar de hilar menudito para que se comprenda bien algo fundamental: lo verdaderamente importante es el bienestar de tu hijo, hay situaciones que la crianza con apego considera básicas pero como ya sabemos, cada familia es un mundo y cada bebé una personita individual con sus gustos, apegos, emociones, etc.

La crianza con apego tiene algunos elementos que han sido estudiados por etnopediatras, pediatras, psiquiatras antropólogos y otros profesionales y tomados como acertados en la crianza de los niños y hasta necesarios. Ésta es sólo una lista, pero cada uno de ellos está bien explicado en los diferentes artículos de la página:

- Dormir con los hijos
- El contacto físico permanente con los bebés
- La lactancia materna a demanda
- Atender diligentemente los llamados del bebé o niño
- La no violencia con los niños, verbal y física

La crianza respetuosa no es el cumplimiento a rajatabla de estos conceptos, bueno, el último si debería cumplirse siempre a rajatabla, el punto es que cada familia adapta a su hogar todo aquello que simplifique y armonice su estilo de vida, dándole siempre prioridad al bienestar del bebé y al instinto materno y paterno. El pensamiento principal detrás de estos tópicos es siempre el respeto y el amor al niño en cada una de sus etapas ; por eso hablamos de empatía: ponernos en lugar de esa pequeña personita y proporcionarle un crecimiento armonioso.

Pero para dar ese paso es necesario que nos despojemos un poco y paulatinamente de todas las imposiciones culturales con las cuales convivimos a diario en occidente.

Es muy posible que te suene familiar alguna de las siguientes frases:

- ¿Tan grande y todavía toma pecho?
- Ya va siendo hora de que lo destetes
- ¿Y cuándo lo vas a sacar de tu pieza?
- Si no lo ponen a dormir en su habitación se malacostumbra y después no lo sacan con nada
- No lo cargues que se acostumbra a estar en brazos
- A este le encanta es estar cargado
- Es mejor una palmadita a tiempo
- ¡Los niños son muy manipuladores!
- Hay que enseñarles a ser independientes
- ¿Todavía no va al jardín? Les hace mucho bien, ¿eh?
- Al principio se quedan llorando pero es normal
- ¿No está muy grande para ir cargado?
- ¿Y cuándo le vas a quitar los pañales?

Estas frases y otras similares nos son dichas a diario a los padres que cometemos tamaños errores con nuestros hijos y dejamos que duerman en nuestra habitación, los cargamos mucho, jamás les pegamos, les permitimos seguir al pecho cuando están “mayorcitos” -a propósito, ¿qué mente iluminada ;) dijo alguna vez cuándo son “demasiado mayorcitos” para tomar pecho?- y acudimos inmediatamente cada vez que nos reclaman. Pues bien, a donde quiero llegar es aquí: todos esas creencias son elaboraciones culturales que van surgiendo con el tiempo casi sin que lo advirtamos ¡y nos invaden! Están por todas partes y lo común es que jamás nos tomamos el tiempo de sentarnos a pensar un poco si tienen algún sentido, si son ciertas, si contradicen nuestro instinto y lo más importante si coinciden con la naturaleza del bebé-niño humano.

Meredith Small en su libro Nuestros hijos y nosotros, nos cuenta cómo la etnopediatría ha demostrado que efectivamente estamos occidentalizando, mejor dicho ya occidentalizamos nuestros cánones de crianza. El noventa por ciento de los bebés de todo el mundo duermen con sus papis por ejemplo ¡y crecen tan saludables e independientes!. Bueno, en realidad no podemos afirmar que ese 90 por ciento crece de esta u otra manera, pero de acuerdo con lo que he aprendido con mi propio hijo, ni el colecho, ni la lactancia prolongada, ni llevar al bebé cargado, tienen consecuencias negativas de ningún tipo en el desarrollo de nuestros hijos, por el contrario les ayuda a sentar unas bases sólidas de autoestima y esa dependencia de los primeros años hacia nosotros los ayuda a avanzar con seguridad hacia una autonomía saludable y completa.

Eliana Escobar Luján

Criar y amar, el portal de la crianza con apego

domingo, 14 de agosto de 2011

Hijos de la sociedad

Acabo de leer un artículo por todos los problemas ocurridos en los últimos días en Londres, y, no lo sabía, pero se están analizando las causas por las cuales determinados jóvenes de determinados barrios de la capital inglesa han explotado como lo han hecho. Hace unos días había escuchado a un periodista reconocido de mi ciudad hacer un análisis, y hablaba de grupos étnicos, inmigraciones, jóvenes hijos de inmigrantes (no recuerdo la etnia) que por haber nacido en Inglaterra en realidad no se sienten del país del cual son originarios los padres, pero tampoco sienten pertenencia hacia Inglaterra, ya que para los ingleses, estos jóvenes son extranjeros. Para él, la ecuación era simple: joven inmigrante asesinado de forma dudosa en manos de policías + jóvenes que no se sienten pertenecientes a ningún lado = los disturbios que todos conocemos.
Ahora en Facebook leo un artículo donde, de los análisis de los propios ingleses, surge que esta violencia surge de la ausencia de los padres, comentando incluso que muchos de estos jóvenes estaban presos y no habían recibido la visita de sus padres (jóvenes menores de edad), y los padres tampoco estuvieron presentes en tribunales, justificando que estaban en el trabajo. También se hace el análisis que en realidad la sociedad inglesa está acusando a los padres de no cuidar a sus hijos, entonces estos padres se sienten acusados y avergonzados y no desean salir en los medios.
Es cierto que padres ausentes generan hijos desorientados. Padres que no han estado nunca en el hogar, niños que siempre han estado solos, o, mejor dicho en compañía de la tele o de la compu. Ahora, digo yo, ¿realmente todo es culpa de los padres?
Desconozco las realidades de otros países, pero en mi país, Argentina, la realidad laboral es despiadada hacia la mayoría de los empleados. Larguísimas jornadas laborales, y poco dinero a cambio, lo que genera que muchos jóvenes no puedan independizarse y vivir solos (si son muy jóvenes y solteros); por más título universitario o profesión que tengan muchos, acá nadie tiene dinero suficiente para comprarse una casa (la juventud de mi generación, entre los 30 y 40, los únicos que tienen casa propia es porque se la regalaron los padres), y los alquileres son altísimos; si es una pareja, ambos tienen que salir a trabajar para que alcance para vivir, por lo que desde hace unos años es una realidad la de niños solos en el hogar (bueno, con la tele y la compu); y trabajos "negreros", que significa algo así que muchos no te pagan las horas extras, muchas mujeres no gocen de licencia por maternidad, etc...
Entonces, ¿es solamente culpa de los padres? ¿o estamos frente a un capitalismo despiadado en una sociedad desprotegida por el Estado y sus leyes?
Voy a colocar el link de artículo que mencioné primero, y luego pondré un video que ya puse hace un tiempo en este blog, "Mirá Maternidad". Y que cada uno saque sus propias conclusiones...

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/13/internacional/1313258112.html



miércoles, 10 de agosto de 2011

Tiempos difíciles

En alguna entrada anterior ya comenté, en las últimas semanas vengo sobrepasada laboralmente. Esto no quiere decir que esté cobrando mucho más dinero, no, estoy sobrepasada de horas, y el dinero para vivir sigue siendo poco.
Creo que alguna vez ya lo mencioné, soy una mamá sola. El papá de mi hijo suele pasarme un dinero, pero él tampoco tiene un buen salario, por lo tanto, sigue siendo poco.
Como mamá sola, todo el sostén del hogar (con todo lo que eso implica) y el sostén de mi hijo, todo está a cargo mío.
El fin de semana me intoxiqué con una comida, aparentemente la panceta estaba mala. Así que desde la madrugada del lunes, hasta la tarde del mismo día, vómitos y diarrea sin parar. Por supuesto, no fui a trabajar. Hasta que por fin, paró. Por suerte, mi hijo no había comido, así que él bien, gracias a Dios.
El martes, el dolor de cabeza por la intoxicación persistía, trabajé por la mañana, y por la siesta, una charla-discusión con el padre de mi hijo (historia demasiado larga y complicada). Así que cuando salí a hacer una compra con mi hijo por la tarde, con todas estas variables relatadas hasta ahora, me tropecé, trastabillé, me caí en la calle con mi hijo de dos años y cuatro meses a upa. Por suerte, trastabillé, lo que me dio tiempo de acomodarlo a mi hijo, así que yo me caí, y él terminó encima mío sin un rasguño, y hasta riéndose de lo sucedido (mi vida, él pensó que mamá jugaba!)... todo el mundo pasaba en auto, no había nadie caminando que pudiera ayudarme, así que me quedé sentada tratando de permanecer tranquila unos instantes mientras lo agarraba del sweater a mi hijo (es una calle muy transitada, así que lo último que necesitaba era que él corriera y le pasara algo), lentamente me levanté y apenas pudiendo caminar, regresé a casa (por suerte, esto ocurrió cerca). Así que una vez más, como el día anterior, tuve que llamar a mis padres para pedir ayuda, porque no puedo caminar (esguince).
Y así están las cosas. Ahora buscando organizarme de otra manera, para no estar tan sobrecargada ni tan sobrepasada, porque tengo que estar bien por mí y por mi hijo.
Cuento todo esto, porque antes, bien o mal, me dedicaba mucho más a mi blog. Extraño mucho hacerlo como antes. Y de alguna manera, quería contar el por qué de mi ausencia.
Y también cuento todo esto porque, a pesar de las dificultades (en realidad, acá conté una mínima parte), sé que esto pasará. Soy una gran creyente de la sinonimia entre las palabras "crisis" y "cambio", no es la primera vez que hay dificultades, para que luego las cosas se acomoden y tomen un nuevo y mejor rumbo.
Así que, una vez que las aguas estén más tranquilas, volveré con más fuerzas, y, sin dudas, renovada. No es que me ausentaré definitivamente, estaré poco (como viene siendo últimamente) pero por acá estaré.
Un abrazo a todas!

lunes, 8 de agosto de 2011

Lactancia y sociedad

Ya lo dije en mi entrada anterior, esta semana he estado muy ocupada con cuestiones laborales y no he podido, por falta de tiempo, participar como hubiera querido en todos los blogs y foros sobre lactancia materna... Sí posteé sobre un artículo que apareció hace un tiempo en "El País", y también un comentario sobre la importancia del papá en la lactancia materna.
Y "click"... demoró, pero llegó ;) . O al menos, le encontré un sentido a la "Semana Mundial de la Lactancia Materna". Alguna vez ya escribí que no termino de entender por qué tenemos por qué tenemos que promover y difundir lo obvio, lo natural. Y por lo menos para mí, encontré una razón (confieso que me da vergüenza haber demorado en darme cuenta, pero ahora me cierra jaja).
Tenemos que promover y difundir lo obvio, lo natural, porque hace demasiado tiempo dejó de serlo. Hay razones sociales, culturales, muy profundas (progreso, feminismo, mujer insertada en el mercado laboral, etc, etc, etc), que han llevado que de dar la teta se haya pasado a dar la mamadera, como si nada. Y hubo muchos años de mamaderas. Y hubo mucho progreso, y cada vez hay más horas laborales (no necesariamente más trabajo).
Como humanidad hace un tiempo venimos dándonos cuenta que, como venimos, no vamos a llegar a ningún lado. Y surgieron movimientos ecológicos (a ver si conseguimos no quedarnos sin mundo), y también "una nueva maternidad", todas estas cosas que estamos promoviendo y difundiendo muchas mamás blogueras, lactancia materna, crianza con apego, colecho, para mí sinónimo de una maternidad más natural y esencial.
Y entonces para mí, esta Semana Mundial por la Lactancia Materna es difundir más que nunca una de las cosas que nos hacen más humanos, amamantar a nuestras crías, como cualquier mamífero del reino animal (y dicho con todo el respeto y amor), porque esto está muy olvidado en esta sociedad actual. Por supuesto, acá también han "metido la cuchara" los laboratorios que producen leche de fórmula, con millones invertidos en publicitar que hacen leche "como la de mamá", entonces ¿para qué perder tiempo dando la teta?
Entonces el discurso de la sociedad es dar la mamadera, si total hay leche "como la de mamá" en el supermercado, así, de paso, tampoco lo tenés tanto a upa, y hasta quizás duerme toda la noche y así se queda en su cuna...
Entonces esta Semana es para difundir esta vuelta a la natural, que la sociedad mire con otros ojos la lactancia materna, que las madres, abuelas, tías, suegras, pediatras, etc, sepan que la leche materna es lo mejor, y entonces no critiquen tanto a una mamá confundida, y no sugieran mamadera "así se llena" "porque tu leche no es buena", etc; que se pueda sacar la teta tranquila en la plaza, en un restaurante, para dar de mamar al bebé y la gente no te mire juzgandote (y algunos babeándose y hasta haciendo un comentario de mal gusto); etc.
Si conseguimos cambiar la mirada de la sociedad hacia la lactancia materna, y lo tomamos como algo natural, y estamos todos (no solamente las mamás) informados, estoy segura que no habría más dificultades con la lactancia, no habría más malos momentos (que te pidan que por favor no amamantes al bebé en el restaurante, o que te miren mal porque das la teta en el colectivo o en la plaza), etc...
Buenísimo haber tenido esta Semana Mundial por la Lactancia Materna, ahora hay que esperar hasta el año que viene. Mientras tanto, a seguir promoviéndola y difundiéndola desde nuestros pequeños espacios!